domingo, 5 de abril de 2009

¿Te estas perdiendo de algo ?. . .‏



Un hombre se sentó en una estación del metro en Washington y comenzó a tocar el violín, en una fría mañana de enero. Durante los siguientes 45 minutos, interpretó seis obras de Bach. Durante el mismo tiempo, se calcula que pasaron por esa estación algo más de mil personas, casi todas camino a sus trabajos. Transcurrieron tres minutos hasta que alguien se detuvo ante el músico. Un hombre de mediana edad alteró por un segundo su paso y advirtió que había una persona tocando música. Un minuto más tarde, el violinista recibió su primera donación: una mujer arrojó un dólar en la lata y continuó su marcha. Algunos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escuchar, pero enseguida miró su reloj y retomó su camino. Quien más atención prestó fue un niño de 3 años. Su madre tiraba del brazo, apurada, pero el niño se plantó ante el músico. Cuando su madre logró arrancarlo del lugar, el niño continuó volteando su cabeza para mirar al artista. Esto se repitió con otros niños. Todos los padres, sin excepción, los forzaron a seguir la marcha. En los tres cuartos de hora que el músico tocó, sólo siete personas se detuvieron y otras veinte dieron dinero, sin interrumpir su camino. El violinista recaudó 32 dólares. Cuando terminó de tocar y se hizo silencio, nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos, ni reconocimientos. Nadie lo sabía, pero ese violinista era Joshua Bell, uno de los mejores músicos del mundo, tocando las obras más complejas que se escribieron alguna vez, en un violín tasado en 3.5 millones de dólares. Dos días antes de su actuación en el metro, Bell colmó un teatro en Boston, con localidades que promediaban los 100 dólares. Esta es una historia real. La actuación de Joshua Bell de incógnito en el metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas.

La consigna era: en un ambiente banal y a una hora inconveniente, ¿percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado? Damos valor a las cosas solo por imitación, o cuando se nos presentan dentro de un contexto esperado, sino es así pasarán inadvertidas ante nosotros y no las valoraremos porque no se nos ha dado la oportunidad de detenernos a identificar que sensaciones están despertando en nosotros, que nos deleita y que no, que pasa en nuestro interior, solo aprendimos a identificarnos con el exterior.

Y esta es la oportunidad de preguntarnos si queremos retomar el camino que nos lleve de regreso al único encuentro que vale la pena "el encuentro con nosotros mismos".
Una de las conclusiones de esta experiencia, podría ser la siguiente: Si no tenemos un instante para detenernos a escuchar a uno de los mejores músicos interpretar la mejor música escrita… ¿qué otras cosas nos estaremos perdiendo? Esta experiencia que ha sido grabada en vídeo, muestra a hombres y mujeres que caminan muy rápido, cada uno haciendo una cosa, pero todos indiferentes al sonido del violín... la iniciativa fue realizada por el diario The Washington Post, con la finalidad de lanzar un debate sobre el valor del arte y de su contexto.

CONCLUSIÓN: Estamos acostumbrados a dar valor a las cosas solo cuando están en un determinado contexto.

En este caso, Bell era una obra de arte en sí mismo, pero fuera de contexto fue un artefacto de lujo sin la etiqueta de la marca.

Ve el video, es una experiencia interesante y reveladora:
Saludos de Mapachita ;)

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